Hermanas Tortuga de la Diosa Tanit

Somos un círculo dentro de un círculo sin principio ni final

Cuando uno crece

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El título de este post me lo inspiró un pianista maravilloso, Roberto Fonseca, un piano caliente, fuerte, con ritmo como lo ha sido esta luna, la luna de Escorpio, la que más próxima ha estado de la Tierra, una Luna que por su brillo te lleva a conectar con tus propias sombras, y finalmente, a agradecer y a bendecir esta vida y este momento que estamos viviendo ahora.
Empezamos a celebrar esta Luna con un Temascal en las inmediaciones de la Sala Tortuga. Fuego, Tierra, Aire, Agua, yo soy, y Dagmar sintió, y algunas de las mujeres del Círculo sentimos también que había que seguir trabajando las sombras…¡Waw! Casi veinte mujeres metidas en una cabaña se sudación atrayendo su propias sombras de la niñez, de la doncella, de la reina, y de la hechicera…
De niña presencié innumerables peleas de mis padres, yo me ponía en medio intentando que hicieran las paces al tiempo que me tragaba todo su dolor, su ira, su rabia, su impotencia para cambiar la situación, unas emociones negativas que están siendo liberadas poco a poco. En un Temascal se puede pedir a nuestras hermanas piedras que trasmuten esa energía negativa, y que nos manden de vuelta nuestra propia energía de nuevo recuperada.


Con la época de la doncella se produjo alguna catarsis. Es normal. Son nuestras primeras experiencias sexuales y cuando nos enamoramos, con tal de complacer a nuestro hombre muchas veces renunciamos a ser nosotras mismas de manera consciente, o incluso consentimos abusos. Luego nos damos cuenta del tremendo error. Pero estamos viviendo el Amor, o lo que nosotros creemos que es Amor, las hormonas están disparadas y nuestro corazón rebosa. ¿Quién no ha dejado todo por Amor alguna vez en su vida? No te culpes por los errores, perdónate a ti misma y sigue p’alante.


En la época de la reina, de los 30 a los 45 años, se supone que ahora eres tú quien lleva las riendas de tu vida, pero que me lo pregunten a mí. Yo sigo aprendiendo a conocerme a mi misma, a conectar con mi Yo Soy, y con todos los fragmentos perdidos de mi Ser multidimensional en esta vida y en otras, un poliedro de vidas que abarca mi existencia en este planeta y no deja de ser mi Ser. A decir verdad, también han existido tiempos en los que me sentía plena, con el mundo en mis manos, tan sólo un chasquido de dedos y ahí estaba el objeto de mi deseo. Sin embargo, no aprecié lo que tenía, ni tampoco lo agradecí… Me perdono y me amo aún en mi inconsciencia.

Y ya, como hechicera, de los 45 en adelante, también se supone que debes ser una mujer sabia por todas las experiencias vividas, por todas las energías transmutadas, por todos los placeres en los que tu cuerpo ha participado, por el tiempo perdido y encontrado, por los momentos de plenitud o de dolor, por las pérdidas, por los duelos, por las grandes alegrías, pero que me lo pregunten a mí o a mi gato… Lo cierto es que todos estos trabajos nos sirven para identificar nuestros dolores y bloqueos para librarnos de ellos. Es tan fácil. Sólo tienes que dar las gracias por la imagen que se presenta en tu pantalla mental y dejarla partir, adiós, ya está, sin más vueltas. Y recuperar la energía entregada y devolver la que cogiste de otras personas para conseguir el equilibrio.

Por cierto, los temascales o cabañas de sudación son una práctica chamánica de purificación de nuestros cuatro cuerpos, o de nuestras etapas de la vida que también compartían las tribus celtas. La energía celta con la que conectamos en el Tercer Encuentro sigue presente. Comienza con los cánticos al fuego, seguida de la limpieza del aura de cada una de las participantes con esencias vertidas en una copa y quemadas con una brasa, un humo purificador que se acompaña con el sonido del tambor y de las maracas.
Una vez que nuestra aura está limpia vamos entrando en la cabaña de sudación o Temascal, en la que hay un hueco en el centro en el que la Mujer del Fuego va depositando las piedras al rojo vivo, cuerpo por cuerpo, etapa por etapa. Dentro todo es oscuridad, nos sentimos en el vientre de nuestra Madre Tierra, mientras los vapores que se han producido al verter el agua con hierbas sobre las piedras calientes van sacando nuestros malos humores, destapando nuestras emociones, liberando nuestros pensamientos, rompiendo cadenas. Finalmente, nos damos una ducha fría, y te sientes como un bebé recién nacido.

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Autor: Susana Pintos

Este viaje te ayuda a encontrarte con tu alma.

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